viernes, 23 de octubre de 2015

Predicación Cultos 2015 - Tercer día


Predicaciones de los solemnes cultos en honor a Ntra. Sra. del Rosario, celebrados del 7 al 11 de octubre de 2015 y predicados por Fr. Angel Luis Fariña Pérez, Dominico.

Viernes 9 de octubre:
“LA VIRGEN MARÍA JUNTO A LA CRUZ DEL SEÑOR”.

Beato Ángelico - Cruxificción
Convento de San Marcos, Florencia.

Misterios de Dolor


EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Juan 19, 25-27.
“En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María la Magdalena. Jesús, al ver a su madre, y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre:
— Mujer, ahí tienes a tu hijo. Luego dijo al discípulo: 
— Ahí tienes a tu madre. 
Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa. "

Seguimos desgranando las cuentas del Rosario. Y para ello, el Evangelio que hemos proclamado hoy nos remite a los misterios dolorosos. Estos misterios nos presentan e   invitan a meditar sobre el dolor, la enfermedad, la separación… aspectos nada tolerados en nuestra vida. Y es que meditar estos misterios del rosario ante la cruz puede que nos haga percibir una fuerza misteriosa de unión que relata el evangelista Juan: cuando sea levantado en alto atraeré a todos hacia mí (Jn 12,32).

Meditar el momento de Getsemaní nos remite a miedo, tristeza en el alma hasta la muerte. El querer que se aparte el cáliz es señal de necesidad de compañía. Mientras otros duermen, Jesús acepta el pecado del ser humano; acepta que él es el que tiene que redimir. Pero no redime por morir ni por sufrir más o menos. Los misterios dolorosos nos tienen que llevar a contemplar que Jesucristo, en la oración del huerto, acepta redimir el pecado de toda la humanidad, haciéndolo suyo.

Y es que los misterios dolorosos tienen que hacer que fijemos nuestra mirada en el árbol de la cruz. Meditar sobre el flagelo, las espinas y cargar con el madero, nos tienen que adentrar en una meditación contemplativa sobre la cruz. Porque en ella, en la cruz, Jesucristo lanzó el grito de perdón más grande ocurrido en la historia. Tal vez no seríamos capaces de soportar el relato de la pasión de Cristo, de no comenzar por el perdón. Antes siquiera de haber pecado, somos perdonados. No tenemos que ganárnoslo. Ni siquiera tenemos que decir “lo siento”. El perdón está ahí, esperándonos.

Meditar los misterios dolorosos nos tiene que hacer ver que un Dios crucificado constituye una revolución y un escándalo que nos obliga a cuestionar todas las ideas que los seres humanos nos hacemos de la divinidad. Porque contemplar la cruz, meditar sobre la cruz, nos muestra que este Dios crucificado no permite una fe frívola, egoísta y centrada en nuestros caprichos estéticos. Este Dios nos pone mirando hacia el sufrimiento y el abandono de tantas víctimas de la injusticia y de las desgracias.

Esa cruz que contemplamos en los misterios dolorosos nos recuerda que Dios sufre con nosotros. Porque a Dios le duele que un niño yazca muerto en la orilla de una playa. A Dios le duele y sufre ¡¡mucho!! cuando seres humanos salen de su hogar en busca de un futuro incierto. No sabemos explicarnos la raíz última de tanto mal. Y, aunque supiéramos, no nos serviría de mucho. Solo sabemos que Dios sufre con nosotros y, por ello, no estamos solos.

Meditar los misterios dolorosos nos tiene que cuestionar sobre qué significa la imagen del Crucificado, tan presente entre nosotros, si no vemos marcados en su rostro el sufrimiento, la soledad, la tortura y desolación de tantos hijos e hijas de Dios. Nos tiene que llevar a preguntarnos qué sentido tienen llevar una cruz sobre nuestro pecho si no sabemos cargar con la más pequeña cruz de tantas personas que sufren junto a nosotros. Meditar los misterios dolorosos nos tienen que llevar a reflexionar qué significan nuestros besos al Crucificado si no despiertan en nosotros el cariño, la acogida y el acercamiento a quienes viven crucificados. Mis queridos amigos, para adorar el misterio de todo un Dios en la cruz no basta celebrar una semana mayor al año. Porque es necesario, además, acercarnos a los crucificados semana tras semana.

 Pero nuestra contemplación de Jesús en la cruz puede llevarnos a otro dato. Y es que Jesús saca fuerzas para un último gesto, quizá el decisivo. Porque meditar y contemplar los misterios de dolor nos tiene que conducir a que Jesús en la cruz, hizo mucho más que preocuparse por el futuro material de su madre, María, dejando en manos del discípulo su cuidado. La importancia del momento, el juego de las frases bastarían para descubrirnos que estamos ante una realidad más honda. En el discípulo está representada la humanidad, a quien se le da una madre espiritual. Ese es el gran legado que Jesús concede desde la cruz a la humanidad. Esa es la gran tarea, que a la hora de la verdad, se encomienda a María: aceptar igual que lo había hecho hacía más o menos treinta años, cuando su era una entrega total en las manos de la voluntad de Dios. María recibe como hijos de su alma a los que le arrebatan a su primogénito.

En esta escena todos los esfuerzos de Jesús por formar una pequeña comunidad parecen haber fracasado. Y entonces, en el momento de mayor oscuridad, vemos a esta comunidad naciendo a los pies de la cruz. No es una comunidad cualquiera, es nuestra comunidad. Jesús no llama a María “madre”, le dice “mujer”. Esta mujer es la madre de todos aquellos que viven por la fe.

Propongo que a la hora de Rezar el Rosario contemplando los misterios dolorosos se medite la Letanía compuesta por D. Manuel Martín García:

… Santa María de las personas solas
Santa María del anciano sin recursos
Santa María de las mujeres maltratadas
Santa María de las personas sin trabajo
Santa María de la marginación
Santa María de la emigración
Santa María de los refugiados
Santa María de las pateras…


Recemos el rosario, meditemos los misterios dolorosos y junto con María, Señora de los misterios dolor, revivamos la muerte de Jesús poniéndonos al pie del árbol de la cruz. Que meditando estos misterios nos incorporemos a la pasión y muerte de Jesucristo, pero no solo de manera expectante o puramente contemplativa, sino de modo activo, sumergiéndonos en ese mar inmenso de amor y entrega por la salvación de toda la humanidad. 

Predicación Primer Día - Misterios Gozosos

Predicación Segundo Día - Misterios Luminosos

Predicación Cuarto Día - Misterios Gloriosos

Predicación Quinto Día - El Joven Rico