viernes, 23 de octubre de 2015

Predicación Cultos 2015 - Cuarto día

Predicaciones de los solemnes cultos en honor a Ntra. Sra. del Rosario, celebrados del 7 al 11 de octubre de 2015 y predicados por Fr. Angel Luis Fariña Pérez, Dominico.

Sábado 10 de octubre: 
“LA VIRGEN MARÍA EN LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR”.

Beato Ángelico - Nolli me tangere
Convento de San Marcos - Florencia

Misterios de Gloria


EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Mateo 28, 1-10

“En la madrugada del sábado, al alborear el primer día de la semana, fueron María Magdalena y la otra María a ver el sepulcro. Y de pronto tembló fuertemente la tierra, pues un ángel del Señor, bajando del cielo y acercándose, corrió la piedra y se sentó encima. Su aspecto era de relámpago y su vestido blanco como la nieve; los centinelas temblaron de miedo y quedaron como muertos. El ángel habló a las mujeres:
–«Vosotras, no temáis; ya sé que buscáis a Jesús, el crucificado.
No está aquí. Ha resucitado, como había dicho. Venid a ver el sitio donde yacía e id aprisa a decir a sus discípulos: "Ha resucitado de entre los muertos y va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis." Mirad, os lo he anunciado.»
Ellas se marcharon a toda prisa del sepulcro; impresionadas y llenas de alegría, corrieron a anunciarlo a los discípulos.
De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo:
–«Alegraos.»
Ellas se acercaron, se postraron ante él y le abrazaron los pies.
Jesús les dijo:
–«No tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán.»”

El Evangelio que hemos proclamado hoy, nos acerca a que contemplemos y meditemos los Misterios de gloria. Contemplar estos misterios nos lleva a comprender que el amor vence a la muerte. Con la resurrección y ascensión de Jesús, se nos da pie para que con nuestra forma de vivir, manifestemos que nuestro futuro ya está habitado por un amor gratuito que nunca falla; y el Espíritu se encargará de hacernos sentir que todo es derroche de amor de Dios para con nosotros. Y en esta meditación de gloria, los últimos misterios del Rosario nos muestran la “nueva vida de María” y cómo asume el “reinado de Dios” como opción definitiva de su Hijo. Porque meditar y contemplar los misterios que nos hablan de gloria, es meditar sobre la esperanza que dinamiza la historia, nuestra historia.

Los misterios gloriosos nos tienen que invitar a contemplar la experiencia de lo nuevo que nos trae la resurrección. Porque la resurrección siempre es en nuestra experiencia algo nuevo. Lo viejo termina, caduca, no porque sea viejo, sino porque ya no sirve. Aquí lo viejo no es lo que tiene más edad, sino lo obsoleto, lo que no nos permite ya crecer, lo que nos ata, lo que nos encadena. La resurrección es también frescor, vitalidad. Frente a todo lo que mata, frente todo aquello que nos arrebata la luz y la vida, la resurrección significa luz y vida nueva en abundancia.

En muchos ámbitos de nuestra vida ocurre que, a veces, estamos por inercia sujetos a determinadas conductas o modos de pensar y comportarnos, que no ayudan a que nuestro mundo sea un mundo mejor para todos. Nuestro sistema económico global, sustentado en nuestras costumbres consumistas, genera en el mundo una gran desigualdad. Jamás el planeta tierra conoció tantos millones de personas hambrientas. A pesar de todo lo que hemos avanzado, acudimos con facilidad a la guerra para solucionar nuestros problemas. El consumo energético desmesurado parece hablarnos de una situación que será difícil de sostener durante mucho tiempo. No sabemos aún cuáles serán las repercusiones del calentamiento global que el ser humano está generando pero, si no se toman medidas cuanto antes, los augurios no son nada buenos. Invito a leer con detenimiento la encíclica Laudato si’ del papa Francisco, donde profundiza sobre todos estos aspectos. También muchas cosas dentro de nuestra Iglesia parecen a veces esclerotizadas. La situación de la mujer sigue siendo vergonzosa (hay lugares donde está peor, ciertamente) y a veces uno no ve sino gestos duros, caras largas, palabras de condena, amenazas y rivalidad entre posturas desde diferentes dignidades mitradas, como ocurre en el actual Sínodo.

Meditar los misterios de gloria nos tienen que remitir a Creer en la resurrección, experimentarla. Pero también a trabajar conforme al futuro que en ella se nos muestra. La resurrección indica que la manera en la que Jesús de Nazaret se enfrentaba a la vida es la manera de conseguir un mundo mejor… ¡¡para todos!! Nuestra obligación como cristianos es trabajar para que surja lo nuevo, para que la vida nueva se abra camino en todas las circunstancias, sociales y personales, de todo el mundo. La resurrección nos enseña que el destino del ser humano es la felicidad. Sabiendo que al fin la victoria es nuestra, sabiendo que el mal y la muerte no tienen la última palabra. Por eso tenemos que arriesgarnos, hemos de salir a la calle, asomarnos a la ventana, tenemos que ver lo que ocurre… y romper esquemas si es preciso ¿Qué impide que ahora mismo creemos un mundo más justo? ¿Por qué no estiramos la mano e intentamos tocar la gloria?

Meditar los misterios de gloria es percatarnos de que Cuando somos capaces de crear algo nuevo y sugerente, algo que transforma la realidad en una realidad mejor, más justa, más bella, entonces, hemos experimentado la resurrección. Cuando nos libramos de las cadenas que nos atan a nosotros mismos, a nuestro terruño, a nuestros intereses, caprichos y demás; cuando salimos hacia el otro y lo consideramos en su dignidad, hemos experimentado la resurrección. Cuando compartimos vida porque la damos y no la guardamos solamente para nosotros, entonces, hemos experimentado la resurrección. Cuando creamos estructuras sociales más justas, menos violentas, donde cada vez hay menos opresores y oprimidos y más hermanos, entonces, hemos experimentado la resurrección. Cuando conseguimos mantener una relación respetuosa con la naturaleza, sabiendo ver en ella no solamente aquello útil que necesitamos para sobrevivir, sino además un don espiritual de belleza inagotable, entonces, hemos experimentado la resurrección.

Meditar los misterios de gloria también nos tiene que llevar a La experiencia del Espíritu; que no es una experiencia al margen del mundo ni de lo cotidiano. La experiencia del Espíritu, la experiencia religiosa, es propiamente la densidad profunda de la existencia. Es el corazón y la fuente de la conciencia, la luz de la que emana toda otra luz. Meditar con la oración del rosario la experiencia del Espíritu, nos hará contemplar que cada partícula del universo es un pálido reflejo del esplendor y la gloria divinos. Gracias a la experiencia del Espíritu cada átomo de la creación es para nosotros una zarza ardiendo.

Los misterios gloriosos nos muestran que por el Espíritu experimentamos que somos inmortales, que a pesar de que la figura del mundo presente termina, estamos llamados, todos y cada uno de nosotros, a una forma de existencia de una riqueza inagotable, de una alegría indescriptible. Fuimos creados para la luz indeficiente y la 15 transparencia del amor, y cuando las sombras y oscuridades de este mundo cesen, entonces, la alegría que aquí ha comenzado, allí llegará a plenitud, tal y como le ha ocurrido a la madre de Jesús, María la virgen. Vivamos desde el espíritu, o mejor, dejemos que sea el Espíritu el que viva en nosotros: esta es la fuente de la alegría que nadie nos podrá arrebatar. La vida que nadie jamás, ¡¡jamás!! nos podrá arrebatar.


Recemos el rosario y contemplemos los misterios de gloria, y junto con María, la Señora de los misterios gloriosos, experimentemos que Dios hace triunfar la vida sobre la muerte, el bien sobre el mal, la verdad sobre la mentira y los abusos. Que nuestra Iglesia tiene la fuerza del Resucitado y la sostiene el Espíritu Santo. Que Jesucristo sigue vivo en nuestras comunidades, que sigue con nosotros y entre nosotros curando, perdonando, acogiendo… salvando.