miércoles, 4 de mayo de 2011

Liturgia del Jueves Santo

Fray Angelico, Santa Cena

MISA CRISMAL

   
La sagrada Liturgia del Jueves Santo tiene una doble celebración. Por la mañana, el obispo celebra la misa del santo Crisma, en la cual se bendicen los tres óleos sagrados que se utilizan en la administración de los sacramentos. Estos tres santos óleos son el santo Crisma (usado en el sacramento del bautismo y la Confirmación, y también en la consagración de obispos, cálices e iglesias), el óleo de los catecúmenos (se usa en los sacramentos del bautismo y del orden sagrado) y el óleo de los enfermos (se utiliza en la extremaunción). Estos óleos se bendicen durante la santa misa para manifestar su carácter sagrado. Antes de concluir el Canon, el obispo purifica sus dedos que acaban de consagrar la sagrada Hostia, adora profundamente a nuestro Señor presente en el altar, y baja al centro del santuario donde se halla preparada una mesa especial para estas bendiciones. El arcediano pide que el óleo de los enfermos sea traido por el subdiácono para ser bendecido por el obispo. El óleo de los enfermos recibe primero un exorcismo y después la bendición. Al concluir, el obispo regresa al altar y continua la misa hasta el momento de las abluciones después de la sagrada comunión. En ese momento, el obispo desciende nuevamente del altar y se sienta en el centro del santuario, mientras el arcediano pide el óleo del Santo Crisma y el óleo de los catecúmenos. De la sacristía sale ahora la solemne procesión del subdiácono y los acólitos con incienso, cruz y cirios; y dos diáconos con el óleo del Santo Crisma, el bálsamo y el óleo de los catecúmenos. Durante esta procesión, cantan un hermoso himno a nuestro divino Redentor, quien nos santifica por medio de sus siete sacramentos.


      En seguida, el obispo mezcla el bálsamo con el aceite de oliva, que significa fortaleza, y el bálsamo, que significa el suave olor de la vida cristiana. Cuando termina la bendición del Santo Crisma, el obispo procede a la bendición del óleo de los catecúmenos. Cuando termina la bendición de los santos óleos, los diáconos, subdiáconos y acólitos los llevan enseguida a la sacristía. Entretanto, el Obispo regresa al altar para continuar el santo sacrificio de la misa. Al terminar la santa misa, el obispo (tal como requiere el Pontifical) hace una exhortación a los sacerdotes presentes sobre el uso sagrado de estos óleos santos. Qué conveniente que la Iglesia escogiera el Jueves Santo para ser el único día del año para realizar estas bendiciones, pues fue este día que Cristo ordenóa sus apóstoles al sagrado sacerdocio, y estos santos óleos son una parte tan importante y necesaria del sacerdocio en la administración de los sacramentos.



MISA DE LA CENA DEL SEÑOR
Por la tarde se celebra una sola misa, porque fue el día del Jueves Santo hace veinte siglos, que nuestro divino Salvador instituyó el sacramento de su amor, la Santa Eucaristía. En esta misa, el obispo (o el sacerdote de la parroquia) celebra la misa de la Última Cena, en la cual los demás sacerdotes recibirán la sagrada comunión de sus manos. Durante la santa misa, al entonar el Gloria, se tocan las campanas para honrar el santo sacrificio de la misa, la Santa Eucaristía y el santo sacerdocio. Al concluir el Gloria, se dejarán de toar las campanas hasta el Gloria de Pascua; Este detalle sombrío nos recuerda que nuestro amado Jesús fue entregado “a manos de pecadores” después de la Última Cena, tal como lo había predicho.


El lavatorio de los pies es algo único en la liturgia del Jueves Santo. En conmemoración de la gran humildad y caridad de nuestro Señor para con sus apóstoles, el sacerdote, después del sermón, habiéndose quitado la casulla, comienza el lavatorio de los pies de doce hombres que representan a los doce apóstoles. Durante la ablución de los pies, el coro canta una serie de antífonas tomadas de las exhortaciones de nuestro Señor a sus apóstoles durante la Última Cena de se amaran los unos a los otros como él los había amado.

Mientras recordamos que nuestro Señor lavó los pies de los apóstoles, nos damos cuenta de que la caridad es la señal por la cual todos los hombres han de reconocer a sus discípulos: “Por esto sabrán todos los hombres que son mis discípulos, que se amen unos a otros.” En nuestros tiempos, cuando el mundo se esfuerza por alcanzar la paz, cuando hay tanta inmoralidad y crimen, cuando la caridad se enfría (desafortunadamente, aun entre quienes se dicen católicos), la amorosa exhortación de nuestro Señor resuena en nuestras mentes y corazones para que practiquemos la más grande de todas las virtudes: la Caridad.


Fray Ángelico, Beso de Judas


ADORACIÓN EUCARÍSTICA
Al terminar la santa misa, nuestro Rey eucarístico es llevado en procesión solemne al Monumento, donde será adorado durante el resto de la noche. El altar mayor es despojado de todo adorno para recordar que nuestro Señor también será despojado de sus vestiduras, mofado y escupido por los crueles soldados. Cuando se participa de la sagrada Liturgia no quede uno más que quedar impresionado por la belleza y riqueza de los hechos que significados. Es muy importante que los padres expliquen a sus hijos estos actos litúrgicos, para que ellos alberguen en sus mentes estas santas impresiones.