miércoles, 9 de marzo de 2011

Rosario Cuaresmal




Proponemos a nuestros lectores cinco meditaciones que pueden acompañar la oración del Santo Rosario, especialmente durante los viernes de Cuaresma.

Cuaresma es un tiempo de especial gracia, favorable para convertirnos. Nosotros, como Iglesia, nos preparamos para vivir y celebrar el Misterio de la Reconciliación, cada vez con un corazón más convertido. Este es el sentido: convertir nuestro corazón al Señor.

La meditación del Santo Rosario es tan sólo uno de los medios que la Iglesia nos propone para poder prepararnos adecuadamente para la celebración de los misterios centrales de nuestra fe.


Primer misterio: 

La oración de Nuestro Señor en el huerto
La iniciativa siempre es de Dios

Hay dos medios que nos propone la Iglesia para este tiempo litúrgico de la Cuaresma, que nos manifiestan claramente que la iniciativa parte de Dios-amor. Por un lado, se nos propone tener una escucha atenta y reverente de la Palabra de Dios. Debemos procurar, durante esta Cuaresma, un constante contacto con la Palabra divina. Dios mismo sale a nuestro encuentro y nos invita a prepararnos, nutriéndonos de su propia Palabra. Esta lectura nos lleva a una oración más intensa, y éste es el segundo medio. Debemos nutrirnos de la oración durante el tiempo cuaresmal, para no sucumbir y salir fortalecidos ante las tentaciones de Satanás. Esta oración debe mostrar nuestra reconciliación con Dios que nos invita al amor.


Segundo misterio: 

La flagelación del Señor
Cooperar con la gracia de Dios

Otro de los medios propuestos durante la Cuaresma es acudir a los sacramentos de la Reconciliación y de la Eucaristía. Es necesario buscar la misericordia del Señor. Para convertirnos debemos dejar todo pecado; pero solos no podemos. Confiemos en el perdón que nos ofrece el Señor. No hay pecado que Él no pueda perdonarnos. Y acudamos también al encuentro con el Hijo de Santa María, realmente presente en la Eucaristía. Él mismo se ofrece por nosotros y se entrega en el altar de la reconciliación.


Tercer misterio: 
La coronación de espinas
El ayuno y la abstinencia

Dos medios que nos ayudan a ir preparando mejor nuestro corazón. Debemos tomar conciencia de la bendición que nos da el Señor. Muchos no se percatan de la importancia de esto. ¿Cuántos de nosotros sabemos del ayuno y abstinencia de todos los viernes de Cuaresma, como preparación? ¿Y cuántos realmente lo vivimos? Muy importante es también la mortificación y la renuncia en algunas circunstancias ordinarias de nuestra vida, ocasiones para acercarnos a la luz del Señor y conformarnos con Él, purificando nuestros corazones.


Cuarto misterio: 
El camino del Monte Calvario
Llamamiento a la conversión


El Señor nos invita a convertirnos a Él. Debemos llegar hasta el fondo de nosotros mismos, pues se trata de morir a todo lo que es muerte para resucitar a una vida nueva en el Señor. Confiemos en la misericordia de Dios. Escuchemos lo que Él mismo nos dice en la Escritura: (hacer una pausa)… “Y les daré un corazón nuevo, infundiré en ustedes un espíritu nuevo, quitaré de su carne el corazón de piedra y les daré un corazón de carne”.
           
Quinto misterio: 
La Crucifixión y Muerte de Nuestro Señor
En compañía de María

Y todo este camino que hemos emprendido, lo hacemos en la compañía tierna y amorosa de nuestra Santa Madre. Ella es guía segura en nuestro peregrinar hacia la plena configuración con su Hijo, el Señor Jesús. Es Ella quien con su intercesión nos ayuda a cambiar nuestro corazón de piedra en uno de carne. Acojámonos a su intercesión y confiémosle nuestros esfuerzos para vivir intensamente este tiempo de conversión.

Convirtamos nuestro corazón, trabajemos por nuestra propia reconciliación personal, siempre guiados de la mano amorosa de nuestra Madre.